Atractivos Turísticos de Trujillo. Monumentos Histórico-Artisticos

 

Monumentos de Trujillo

Monumentos de Trujillo

El siglo XVI español propició a Extremadura la ocasión histórica de pasar al recuerdo universal como región, gracias a los acontecimientos que se dieron en torno al descubrimiento y posterior ocupación del continente americano.

Detrás de la conquista y colonización de tierras americanas, existieron hombres que partieron de Trujillo y han pasado a la historia como partícipes en primera línea en la odisea humana más destacable del citado siglo XVI como fue el encuentro entre dos mundos tan opuestos, que con el pasar de los siglos tanto se aportaron mutuamente. Francisco Pizarro y sus hermanos, Francisco de Orellana, Fray Gaspar de Carvajal, Martín de Meneses, María de Escobar, Francisco de las Casas, Francisco Bejarano, Francisco de Chaves, Diego García de Paredes, etc. Que de Trujillo partieron y cuyos afanes fueron tan intensos que el nombre de Trujillo permanece en el subcontinente Americano en varias ciudades de Venezuela, Perú, Puerto Rico, Chile y Colombia. Ellos nacieron en Trujillo y aportaron con sus hazañas o con sus vidas el poder hacer historia de un acontecimiento casi  causal.

En torno a la Plaza Mayor se localizan los ejemplos más importantes de la arquitectura nobiliaria de la Ciudad.  La primera noticia sobre construcciones en la Plaza Mayor, data del 18 de mayo de 1353. Aquel día se reune el Concejo en el atrio de la iglesia de San Martín “para tratar del amojonamiento del Berrocal que en este año hizo González Fernández Añasco“. La elección de este lugar indica que aquí se encontraba un primer centro de un dinamismo social. Este primitivo núcleo urbano, mercado e iglesia, junto al que pronto se añadirían las casas consistoriales, será el epicentro virtual de una ciudad, que desde aquí y siguiendo los caminos se expanderá por irradiación.

La estructuración definitiva de la Plaza tuvo lugar durante el siglo XVI. Trujillo vive entonces su momento histórico culminante, definido por su expansión urbana, que la ha convertido en una de las ciudades más interesantes del panorama artístico mundial. En lo que se refiere a su parte monumental, alcanza en estos años su configuración estructural. Sobre esta configuracion, el XIX introducirá algunos cambios en la planimetría y una remodelación de las fachadas.

La estatua ecuestre de Francisco Pizarro, obra del escultor norteamericano Charles Rumsey, nos invita a comenzar el recorrido turístico por esta noble ciudad. Frente a este símbolo en bronce de la ciudad, se alza el palacio del Marqués de la Conquista, construido por Hernando Pizarro, hermano del conquistador, según las disposiciones testamentarias del conquistador del Perú. Es una construcción de estilo plateresco, con cuatro plantas rematadas por figuras que representan iconográficamente alegorías de los Vicios y las Virtudes.   Sobresale del conjunto el magnífico balcón esquinado con blasones, en el que distinguen perfectamente los bustos de Francisco Pizarro y su esposa Inés Huailas; y los de Hernando Pizarro y Francisca Pizarro Yupanqui. En el interior se conservan numerosos esgrafiados repartidos por las distintas dependencias, con temas vegetales, geométricos e indianos, con animales exóticos existentes en las selvas iberoamericanas; así como tres habitaciones con cubierta de artesonado de madera a base de jácenas que apoyan sobre canecillos con decoración floral, geométrica y con rostros humanos y animalísticos. Un total de 126 cabezas, repartidas en dos salones, en las que se puede apreciar las representaciones del cóndor, el tapir, el mono, y las divinidades celestes (el sol o pájaro Inti, la luna o Quilla, la divinidad del trueno o dios del fuego, Coychi o dios del castigo). Todos los animales que aparecen en el artesonado corresponden a simbolismos y pertenecen a la mitología incaica. También, aparecen representados rostros de incas, ataviados con atributos del poder real: plumas, ceñidor y dilatadores de orejas.

El encanto de esta plaza reside tanto en su tamaño, una de las más grandes de España, en lo irregular de su trazado, y en sus soportales que sustentan tanto los palacios señoriales como las casas populares.  Cada soportal tiene su propio nombre que recuerda los mercados medievales: del Pan, de las Carnecerías, del Paño y de la Verdura. Al otro extremo del palacio está la Iglesia de San Martín, de su compacto volumen exterior sobresalen las torrres del Reloj y de las Campanas. Al interior del edificio se accede a través de la puerta abierta a los pies, con columnas dóricas sobre pedestales, que sustentan entablamento y frontón  en cuyo tímpano campea el escudo del obispo placentino don Pedro Ponce de León, bajo cuyo pontificado (1560-1573) finalizaron las obras del templo, interviniendo en ella los canteros Cabrera, Alonso Becerra y su hijo Francisco Becerra, primera referencia artística del que sería gran arquitecto en América. La puerta del mediodía se conoce con el nombre de Puerta de las Limas, por tomarse como tales las granadas que aparecen en la rosca del arco trilobulado de la misma. El templo conserva en su interior un órgano barroco fabricado entre los años 1759 y 1762 por el organero de Llerena Antonio de Larrea y Galarza. Bienes muebles de interés artístico como el Cristo de la Salud, que destaca por su belleza plástica, obra del siglo XV y un lienzo del siglo XVIII que representa a San Jeronimo, obra de Pereda. Sobresaliendo en el templo el monumento funerario al Cardenal Don Gaspar Cervantes de Gaete, Arzobispo de Tarragona. La obra más importante del templo, es la imagen de una Virgen románica que procede de la ermita templaria de Nuestra Señora de la Coronada. En el altar mayor resalta el retablo del Cristo de la Agonía, obra del segundo tercio del siglo XVII, procedente de la iglesia de la Sangre de Cristo, de Trujillo; presentando en el centro la imagen de un Crucificado, obra granadina de Alonso de Mena, del siglo XVII. Reyes como Carlos V, Felipe II o Felipe V estuvieron orando en ella, según las Crónicas de sus Viajes; el Emperador en su viaje a Sevilla para casarse con Isabel de Portugal, y Felipe II, tras unir el dominio de toda la Península Ibérica en 1583.

Frente a la iglesia, se alza majestuoso el palacio Ducal de San Carlos,  sobre la primitiva casa solariega de la alianza entre los linajes Vargas y Carvajal, a cuyo entronque familiar se concede en el siglo XVIII el ducado de San Carlos. Las obras del palacio comienzan a mediados del siglo XVI, prolongándose a lo largo del siguiente. En la actualidad y desde la restauración que se llevó a cabo en 1960, el palacio se utiliza como convento de las religiosas de la Concepción Jerónima. Podemos destacar en la fachada una estilizada galería porticada constituida por tres arcos de medio punto que descansa sobre dos columnas jónicas, y en el segundo cuerpo tres sencillas ventanas rectangulares con pilastras corintias que separan los vanos de la logia que se abre en el tercer nivel, los cuales se encierran con los dinteles que sustentan grandes ménsulas a modo de zapatas. El último cuerpo de la fachada es una perfecta alineación de vanos rectangulares de enmarque moldurado sobre los que inmediatamente se tiende la amplia y volada cornisa que remata la construcción. En el ángulo esquinado destaca un balcón con dos águilas bicéfalas que sustentan las armas de la familia, está enmarcado por pilastras sobre pedestales, con entablamento y frontón (con el busto del promotor de la obra). Sobre dicho frontón se disponen dos “puttis” con cornucopias simbólicas de la abundancia. Remata todo el conjunto voluminosas y singulares chimeneas que destacan sobre la cubierta. Están fabricadas a base de ladrillo y poseen una estructura turriforme que remata en cuerpos volados de pintoresca y dispar tipología. En su interior, se puede visitar el hermoso patio plateresco y la escalera volada, obra del arquitecto Antonio de  Mera.

Desde ese momento el granito, piedra noble, no nos  abandonará.   Lo encontraremos por todas partes, desde el rollo extramuros del siglo XV –que en sus orígenes se elevó en la Plaza-, lugar en el que se pinchaban las cabezas de los ajusticiados, hasta el castillo que culmina la colina, pasando por las casas solariegas y bellos palacios como el del Marquesado de Piedras Albas, obra renacentista del siglo XVI, construido sobre los soportales del Pan, por Pedro Suárez de Toledo. Su logia de tres arcos escarzanos, de influencia florentina, y la crestería gótica de granito son modelos arquitectónicos que llevaron a Iberoamérica los canteros trujillanos como Diego de Nodera, Alonso Casillas o Francisco Becerra.

En el portal alto de la Plaza y junto a otras casas nobles como las de los Cervantes Gaetes, Bejarano, etc., sobresale la mansión de los Chaves-Orellana, también llamada “Casa de la Cadena”, nombre recibido por la que cuelga sobre la puerta como símbolo de la estancia de Felipe II en 1583 de paso a Portugal. La fachada muestra hoy un aspecto diferente al original, pues la reforma que sufre el edificio en el siglo XIX y la reconstrucción actual para convertirla en Hostal, han hecho desaparecer la logia que en el último piso se abría a la Plaza, como puede apreciarse en algunos grabados de principios del siglo pasado. Al palacio pertenece la llamada “torre del Alfiler” y que originalmente formaba parte del alcázar de los Chaves-Orellana. Se trata de una obra de fines del siglo XV de planta cuadrada, ventanas góticas con alfiz, cornisa de bolas, crestería gótica y cúpula de ladrillo en la que, desde la Plaza, puede verse el escudo cerámico de los Chaves-Orellana.

El palacio de los Chaves Cárdenas, conocida popularmente como “Casa del Peso Real” y situada en el frente oeste de la Plaza, ha sufrido diferentes reformas, de manera que en la actualidad la portada es uno de los pocos testimonios de su origen.  El edificio se levanta a principios del siglo XVI, en cuyos elementos decorativos aún quedan vestigios de elementos góticos en la fachada y en la portada, que está flanqueada por columnas torsas rematadas en pináculos, eco del estilo manuelino portugués. Próximo a este edificio y continuamos nuestro recorrido pasando por el medieval Cañón de la Cárcel, sobre el cual el Concejo erigió unas notables Casas Consistoriales durante el siglo XVI. Junto a ellas estaban el Archivo de Escribanos y la Cárcel, ésta construida en 1549 por el insigne arquitecto Sancho de Cabrera. En la década de los cuarenta, del siglo XVI, se edificó el Ayuntamiento Viejo. Indica su finalización una lápida en la que se hace referencia al monarca Carlos I, en 1551.

Llegamos al palacio de Juan Pizarro Orellana, obra de los arquitectos Alonso y Francisco Becerra construida en la segunda mitad del siglo XVI a iniciativa del que fuera primer corregidor de la ciudad de Cuzco, Juan Pizarro Orellana, regentado actualmente por la Congregación Hijas de la Virgen de los Dolores. La fachada presenta una logia plateresca corrida, se enmarca entre dos torreones medievales rectangulares de una construcción anterior. Una portada de bóveda rebajada y gran arco escarzano sobre ménsulas permite la entrada al interior, en donde el principal atractivo está en el patio plateresco de dos pisos, decorado con zapatas con rosetas y entre los balaustres pétreos del antepecho se disponen alternadamente los escudos de los Pizarro y los Orellana, sostenidos por diferentes angelotes. Aquí estuvo la Casa de Contratación para afiliarse los viajeros hacia América y sobre su techo encontró hospitalidad Miguel de Cervantes cuando de regreso de Portugal a Madrid en 1582, descansó en Trujillo, teniendo agradecidos recuerdos para la familia Pizarro Orellana en los capítulos IV y VI del libro III de “Trabajos de Persiles y Segismunda”.

Continuando el adarve, la ronda de murallas musulmanes que bordean la “ciudad antigua”, conforman un recinto rectangular de mampostería y sillería jalonado por diecisiete torres dispuestas a intervalos irregulares. Siguiendo la linea de la muralla hacia el Oeste y aunque separada de aquélla por un pequeño escarpe del terreno, se encuentra la casa de los Altamirano, conocida como el “Alcazarejo“. La construcción del edificio la comienza Fernán Ruíz, partícipe en la reconquista definitiva de la ciudad, que consiguió abrir la puerta del Triunfo facilitando la victoria a las tropas cristianas.            La cerca dispuso de siete puertas, de las cuales se conservan: la de Coria, la puerta del Triunfo, de la Vera Cruz, Santiago, San Andrés; y la de las Palomitas, restaurada en 1998. La Puerta de San Andrés, se abre en arco apuntado, está decorada con el escudo de la casa de Austria, obra de la remodelación que sufrió la puerta a principios del XVI. Rebasándola se alza la Casa-fuerte de los Escobar, que constituyó el baluarte defensivo de la puerta de San Andrés. Fue fundación de Alvaro de Escobar, destacando en uno de sus ángulos su torre rectangular, de finales del siglo XV. Aquí nacieron María Escobar la primera mujer que llevó semilla de trigo y cebada al Perú, y fray Diego de Chaves, dominico que fue confesor de Felipe II y destacó en las sesiones del Concilio de Trento.  La muralla trujillana condicionó la aparición de un tipo de construcción nobiliaria en la que lo defensivo y lo residencial se aunaban para dar como resultado unos edificios macizos, rematados en murallas en los que las treinta y dos torres constituyen los elementos más peculiares de su fisonomía, alzándose orgullosas y que en primavera sirven de refugio a docenas de cigüeñas. Testimonios de estas casas-fuertes son el palacio de los Bejaranos y el Alcazarejo. Estos edificios serán renovados en su fábrica en el siglo XVI como consecuencia de la pérdida de su funcionalidad castrense.

El lienzo oeste lo cierra y lo abre la Puerta del Triunfo que cuenta con un curioso suceso legendario y trascendental para la historia de la ciudad. El 25 de enero de 1232, el obispo D. Domingo con los soldados de las Ordenes Militares vencen a los árabes, los soldados aclamaron a la Virgen con el Título de la Victoria por Patrona y especial abogada en la conquista de Trujillo. Desde entonces del Triunfo se llamó esta Puerta que flanquearon las tropas cristianas el 25 de Enero de 1232. Para perpetuar este histórico hecho y en testimonio de agradecida veneración, el Concejo colocó una imagen de la  Virgen en una hornacina cobijada por un tejaroz y practicada en el muro que se alza sobre esta puerta y ante la cual, todas aquellas noches medievales lucía una lámpara.

En el interior del recinto intramuros se conservan dos ejemplos del sistema de almacenamiento de agua de origen árabe. Dos sorpresas más en una villa llena de ellas. La Alberca, situada cerca de la Puerta de San Andrés, es de origen árabe. Se trata de un depósito de agua para diferentes usos, entre los que cabe citar el de abastecimiento de agua a los caños de San Lázaro y el Campo de San Juan por medio de una extensa conducción subterránea. Los Aljibes de la plazuela de Altamirano es el segundo ejemplo de sistema de almacenamiento de agua. Estos últimos, de tracería árabe, disponen de tres naves cubiertas con bóveda de cañón y seis arcos sostenidos por pilastras. Son obra del siglo VIII.

Continuando la visita a la Villa, y subiendo la empinada cuesta de la calle de las Palomas -nombre que recibe por  tomarse como tales las tórtolas del escudo de la familia Rol, de la casa de los Rol, Zárate y Zúñiga que en dicha calle se encuentra. Esta casa solariega presenta una sencilla portada de arco apuntado y diferentes vanos, obra de sillería y mampostería de fines del siglo XV, en la que es preciso destacar su interesante patio de estilo gótico, como atestiguan los pilares, capiteles y tracería del antepecho de la logia. En la misma calle y haciendo esquina con la de Naranjos se localiza la casa de los Chaves-Calderón, de la que es preciso destacar la portada y el balcón de esquina de la segunda mitad del siglo XVI, ejemplo de esta solución castellano-andaluza que caracteriza a los palacios trujillanos, obra del arquitecto trujillano Francisco Becerra, el gran constructor de las catedrales de Puebla de los Angeles, Lima y Cuzco. La puerta se cobija bajo arrabá  y el balcón se flanquea con sencillas y clasicistas columnas sobre las que se levantan el entablamento; sobre este, un frontón aloja en su interior el también esquinado-escudo de la familias. Al lado está la casa natal de Francisco de Orellana, el descubridor del río Amazonas, recia obra de mampostería que se construye a principios del siglo XV. Presenta una sencilla portada de arco apuntado y diferentes de vanos.

La iglesia parroquial de Santa María “La Mayor”, está situada en la plazuela de Santa María, donde puede verse un busto en bronce de Francisco de Orellana, descubridor del río Amazonas. Constituye el edifico parroquial más importante de Trujillo. Se trata de una obra conformada a partir de diferentes épocas, comenzada tras la reconquista de 1232 y finalizada en el siglo XVIII con la construcción del camarín de la Virgen adosado al ábside. Iglesia alabada por todos cuantos la visitan. Objeto de múltiples leyendas y albergue de los más ilustres linajes que han formado el pasado originario de la ciudad. El templo presenta en el exterior una notable variedad de volúmenes y alturas, destacan por su elevación las torres de las campanas y la conocida como “Torre Julia”, de factura románica, reconstruida en los años setenta de nuestro siglo, tras haber sufrido las acometidas de los terremotos de Lisboa de 1521 y 1755. En su interior resalta el artístico coro renacentista, obra de Sancho de Cabrera; y el retablo mayor, la mejor obra del pintor gótico salmantino Fernando Gallego, en el cual intervinieron en la predela pintores de su taller como Francisco Gallego. En este templo están enterrados los principales conquistadores, hidalgos y nobles de Trujillo, destacando el sepulcro de Diego García de Paredes, al que le dio celebridad en el “Quijote” Miguel de Cervantes como el “Sansón Extremeño” por su fuerza física, fue un destacado militar en Nápoles como el Gran Capitán. La iglesia es testigo mudo de célebres acontecimientos como las honras fúnebres por el rey Juan II que congregó a los más importantes personajes de la realeza en Trujillo, junto a los Reyes Católicos.

Próximo a este templo se encuentra el convento de San Francisco el Real o de la Coria, nombre recibido por su proximidad a la puerta medieval de la muralla que conduce a la población cacereña de Coria. El edificio conventual fue fundado por disposición suprema, por Real Cédula concedida por Juan II, en Toro, a 28 de junio de 1426, en favor de Inés de Cristo, Marina Herrera y otras beatas acogidas a la Regla de la Tercera Orden Franciscana, en atención a los buenos servicios que los linajes a los que pertenecían la mayoría de las mujeres en él iban a profesar, habían realizado a la Corona de España. Aquí vivieron las religiosas hasta el mes de marzo del año 1809, fecha en la que abandonaron el convento con motivo de la llegada de las tropas napoleónicas a Trujillo. Este convento fue testigo mudo hacia el año 1477 de la aventura sentimental de Gonzalo Pizarro -cuya hermana Beatriz era freyla- con Francisca González Mateos, hija de los humildes labradores apodados “Los Roperos“, que era una humilde criada en el citado convento. Fruto de esta unión nacería Francisco Pizarro, el gran conquistador del Perú.

En la actualidad, es sede de la Fundación cultural Xavier de Salas. La Fundación es la culminación de la actividad iniciada en 1969 por doña Carmen y don Xavier de Salas en Trujillo, proponiéndose estatuariamente el estudio y la difusión de las relaciones históricas entre Extremadura y América, así como fomentar en general la investigación científica en Extremadura, sobre todo en los campos de la investigación sociológica, musical, histórica y antropológica, los más afines a la tradición cultural de la región.

La estructura de la Villa tiene en la plaza de Santa Maria su principal centro urbano. Situado en una de las zonas mas elevadas de la ciudad antigua, hacia ella se encaminan quebradas y empinadas calles que unen a esta plaza con el resto de la ciudad intramuros. En torno a este nodo urbano se localizan las mas importantes casas solariegas. Este es el caso del palacio renacentista de los Pizarro Hinojosa, señores de Torrecillas, y desde el 24 de junio de 1642 marquesado de Lorenzana, título concedido a don Alvaro Pérez Quiñones y Lorenzana, Gobernador de Panamá y Guatemala. Es un majestuoso palacio, destruido en gran parte por la francesada de 1809 reconstruido en la actualidad como sede de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, y para albergar en él un Museo de Cerámica Portuguesa, respetando los restos arquitectónicos de su fábrica original revelando la riqueza artística y la belleza arquitectónica que tuvo este Palacio. Frente a este palacio nos encontramos con el Palacio de Francisco Pizarro de Vargas. En este edificio nació Gonzalo Pizarro “El Largo“, padre del gran conquistador trujillano Francisco Pizarro. Fue reconstruido por la Escuela-Taller del Excmo. Ayuntamiento en su totalidad en el año 1992 para habilitar en su interior un Museo, dedicado al famoso conquistador, que se ajusta a lo que fue la vida del Conquistador.

Desde la calleja que parte del edificio de Gonzalo Pizarro, llegamos al Castillo árabe, por empinadas calles empedradas. Desde allí se divisa una amplia panorámica del, pueblo y sus alrededores. La ligera ascensión bien vale la pena para admirar de cerca los lienzos de sus murallas y torres. En la del homenaje se encuentra el altar de la patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria, una talla del siglo XVI que representa la advocación de la que abriera milagrosamente las puertas del Arco del Triunfo cuando Fernando III asediaba a los moros el 25 de Enero de 1232. El castillo, lleno de encantos y leyendas, se asienta en el cerro llamado “Cabeza de zorro” y en el siglo XIV fue utilizada como caja fuerte de los tesoros de Pedro I, guardado celosamente por su tesorero el judío Samuel Leví.

Desde allí se divisa una amplia panorámica de la ciudad y sus alrededores. Al  NE. de la población pueden aún contemplarse las ruinas de la iglesia de Santo Domingo, que se encuentra en la actualidad en un deplorable estado y que hemos incluído en este itinerario histórico-artístico por el atrayente romanticismo de sus ruinas. Se levanta para atender las necesidades religiosas de una población de la zona, que constituyó una demarcación parroquial próspera hasta el siglo XVIII en que inició su declinar, y del actual barrio de Huertas de Animas. Es obra del año 1566 por Alonso y Francisco Becerra

Bajando desde el castillo en dirección hacia la Plaza Mayor, nos encontramos con la Iglesia de Santiago, obra románica en sus orígenes. Debe destacarse del interior la presencia de altares y enterramientos con estructuras arquitectónicas góticas y renacentistas; el retablo mayor del siglo XVII y el popular Cristo de las Aguas, denominado así ya que es la imagen que la ciudad de Trujillo saca en procesión en épocas de sequias, obra del siglo XIV.

Dentro de la arquitectura trujillana y como antesala de la Villa a la Ciudad moderna, es necesario referirse a una de las más impresionantes casas fuertes que formaban parte de la fortificación de la ciudad antigua, el Alcázar de Luis de Chaves, que defendía el acceso a la Villa a través de la Puerta de Santiago, la cual era custodiada por la torre de la iglesia parroquial y por la de la casa fuerte. Hospedó a los Reyes Católicos en sus visitas a la ciudad en 1477 -pacificación de la ciudad- y 1479 -durante la querra de sucesión con la Beltraneja-. Al morir Juan II de Aragón, cuyos funerales se celebraron en la iglesia de Santa María de Trujillo, los monarcas católicos se hospedaban en este alcázar, convocando el Consejo que reconoció a Fernando rey de Aragón y Sicilia, acordándose así la unión de las dos Coronas: Castilla y Aragón. Aquí se firmó el “Tanto monta, monta tanto” y la paz con Portugal, en 1479.

Bajando por la calle Ballesteros hacia la plaza, se encuentra el palacio de los marqueses de Santa Marta, construido en el siglo XVI por el arquitecto Francisco Becerra, y reformado en el siglo XVIII. Solar de algunos de los nietos de Hernán Cortés, conquistador de México, y de su fiel capitán Francisco de las Casas en las tierras aztecas.

Texto: José Antonio Ramos Rubio
Fotografía: Alberto Cortés Murillo

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